Los niños ahora juegan en casa

Por Karla Valenzuela

Dice el escritor Alejandro Ramírez- Arballo que “la realidad nos ha alcanzado de tal manera y con tal rapidez que no nos hemos percatado todavía de lo que estamos viviendo”, y es totalmente cierto. La pandemia por coronavirus ha afectado al mundo de manera negativa, pero también lo ha obligado a reinventarse.

Definitivamente, los niños y adolescentes no son ajenos a esos cambios; ahora, no solo han tenido que acostumbrarse a las clases en línea, sino que, además, han tenido que adaptarse al encierro, a estar en casa como medida de protección de su salud. Así las cosas, en muchos de los casos, niños y adultos están aprendiendo nuevas formas de convivir en el hogar y están recuperando dinámicas diarias que, tal vez, las nuevas generaciones no sabían que existían, como ver la televisión en familia, divertirse con un juego de mesa y ¿por qué no? hasta leer un libro en voz alta. 

De igual manera, los padres se han vuelto ya más tecnológicos; ya saben utilizar más cada vez las computadoras y comunicarse por Zoom o video llamada, algo que – seguramente- han aprendido apoyándose de sus hijos porque ellos  -las nuevas generaciones- parece que no han tenido que hacerse de conocimiento alguno para convivir en línea, como si su gusto por los videojuegos o las actividades vía streaming fuera casi innato.

Con este antecedente, aunque – como dice el escritor sonorense Ramírez-Arballo- “el ser humano es reacio a los cambios, sobre todo cuando estos suceden con la rapidez y la extensión (planetaria) de los eventos que hemos vivido -y padecido- durante el último año”, lo positivo de la pandemia – si algo tiene- es probablemente que nuestros niños han recuperado su casa, su hogar y, mientras tanto, los padres, han recuperado a sus hijos, de tal manera que, cuando todo vuelva a la normalidad, todos, padres e hijos,  hermanos, amigos, seremos otros.

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